Ruta de Tabuenca a los arcos de Valdarcos

Arcos de Valdarcos

 

          La Sierra de la Nava Alta está constituida por una serie de prominencias y farallones calcáreos que orientados de N.O. al S.E. van perdiendo altura desde el puerto de la Chavola, 900 m. hasta la buitrera de Valdearcos, cortada a pico, cerca del Santuario de Rodanas. Como indica su nombre, esta tierra ha sido objeto de un intenso pastoreo y explotación de la leña por lo que, hoy día, su vegetación es claramente regresiva, con sabinas, enebros, coscojas y algunas encinas.  Para recorrer esta sierra, saldremos a pie de Tabuenca hasta el Puerto de la Chavola; en este punto abandonar la carretera asfaltada e ir ganando altura diagonalmente, a la izquierda, en dirección a una peña calcárea donde nos será fácil apreciar las manchas blancas de los excrementos de los buitres. Contorneando esta peña por el Norte, que tiene forma de tambor, Peña Tambora, descenderemos ahora una cuesta empinada hacia el Este, en dirección a la próxima roca que presenta la forma de cresta afilada, con un cortado de unos treinta metros por el Norte, albergando también numerosas buitreras. Rodear las rocas por el Sur, fácilmente, ya que el paso de la cresta es aéreo y expuesto y dejada atrás esta divertida peña progresaremos horizontalmante sin apenas ganar ni perder altura por la cara Sur de la sierra cuya vegetación de coscojos y romeros nos permitirá una marcha rápida siempre en dirección E.S.E. Atravesaremos, pasando de largo, el collado de los Cantaneros, divisando cercano un pinar de repoblación de aspecto raquítico en los términos de Tierga y Mesones. La marcha rápida por el coscojar, nos va aproximando a una enorme montaña que contorneamos por el Norte, entre sabinas y encinas, hasta llegar a un barranco profundo con enormes sabinas que sube hacia el Sur; estamos en Valdarcos, tres horas y cuatro también desde Tabuenca.

     

 

     

         Conforme vamos ascendiendo el barranco seco, la vista nos va descubriendo las pintorescas formas de las rocas calcáreas, blancas y grises en la montaña de nuestra derecha y rojizas, a veces cubiertas por la yedra, las orientadas al Oeste. Los singulares arcos de piedra que dan nombre a esta Val se encuentran en las rocas afiladas y crestas de la derecha orográfica del barranco y constituyen un bello paraje de paredes verticales y  vegetación que harán las delicias de los aventureros aficionados e internarse en estos vercuetos, no obstante, su interés como lugar de escalada es menor, pues las paredes, bastante lisas y verticales apenas exceden la treintena de metros, será mejor ganar la cima de la sierra, por el collado de la derecha, cresteando después hacia la cumbre, y allí sentados disfrutar de una visión inigualable, pues en la Peña de Valdearcos o Buitrera (994 m.) se juntan los términos de Tabuenca al Norte, Épila al Este, Mesones al Sur y Tierga al Oeste.  En los farallones verticales de la cara Sur tiene su habitat una próspera colonia de buitres comunes que acampan hasta las sierras de Morata y Algairen. Por no molestar a las aves, nos abstendremos de descender por las cornisas de la cara Sur, verticales y peligrosas además y nos conformaremos con admirar desde este mirador privilegiado las evoluciones de estos simpáticos carroñeros.  (La vuelta que propone el libro es la ida del viaje a Valdearcos que realicé yo y la más habitual entre los habitantes de Tabuenca por su comodidad y rapidez y aun así nadie tarda menos de tres o cuatro horas en llegar andando a los arcos. En bici por camino no existe problema pero al llegar al barranco seco será mejor dejarla aparcada junto a algún almendro). La marcha hasta Valdearcos, cresteando la Sierra de la Nava Alta habrá supuesto, sin duda, una dura prueba de resistencia, por ello será conveniente regresar por mejores caminos y de paso recorrer el campo de Tabuenca.  Descender completamente el barranco seco de Valdearcos por un sendero entre sabinas, después atravesar la garganta del treparriscos, bautizada en referencia a este pájaro, que en invierno podemos observar buscándose la vida, hasta salir a un campo de vetustos y gruesos almendros. Allí, se inicia una pista agrícola que desciende girando suavemente hacia el NO. entre los romeros, para más adelante enfilar una marcada pista que se dirige al pueblo.

     

 

 

 

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